🔬 Ciencia

¿Por qué el mar es salado si los ríos son de agua dulce?

Los ríos llevan agua dulce al mar y, sin embargo, el mar es salado. La explicación está en las rocas y en el Sol.

16 de octubre de 2026

Es una de esas preguntas que parecen fáciles hasta que alguien te la hace. Si los ríos desembocan en el mar con agua dulce, ¿de dónde sale toda esa sal?

La sal viene de las rocas

Cuando llueve, el agua de lluvia es ligeramente ácida porque absorbe un poco del dióxido de carbono del aire. Al caer sobre las rocas y la tierra, las va desgastando muy lentamente y disuelve pequeñas cantidades de minerales, como el sodio, el calcio y el magnesio.

Los ríos transportan esos minerales disueltos hasta el mar. El agua de río tiene tan pocos que no se nota su sabor: por eso la llamamos “dulce”.

El Sol hace el resto

En el mar, el agua se evapora por el calor del Sol, pero los minerales no se evaporan: se quedan. Ese ciclo se repite desde hace cientos de millones de años, y así los minerales se fueron acumulando hasta que el agua del mar se volvió salada.

Además, en el fondo del océano hay fuentes hidrotermales y volcanes submarinos que también aportan minerales al agua.

¿Cuánta sal tiene el mar?

En promedio, el agua de mar tiene alrededor de 3,5 % de sal. Es decir, en un litro de agua de mar hay unos 35 gramos de sales, sobre todo cloruro de sodio, la misma sal que usamos en la cocina.

🧐 Dato curioso: si se pudiera extraer toda la sal de los océanos y repartirla sobre los continentes, formaría una capa de más de 100 metros de altura.

¿Por qué no se vuelve cada vez más salado?

Porque hay un equilibrio. Así como entran minerales, otros salen del agua: se depositan en el fondo marino, forman parte de los sedimentos o son usados por organismos como los corales y los moluscos para fabricar sus esqueletos y caparazones.

El mar más salado del mundo

El mar Muerto, entre Israel, Cisjordania y Jordania, es en realidad un lago con una salinidad unas diez veces mayor que la del océano. Tiene tanta sal que una persona flota sin ningún esfuerzo, y casi ningún ser vivo, más allá de algunos microorganismos, puede vivir en él.


Así que la próxima vez que te entre agua de mar en la boca, piensa que estás probando millones de años de historia de las rocas de la Tierra.

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